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domingo, 8 de febrero de 2015

Sobre la Búsqueda de la Vocación Profesional.


Hoy os traigo a "firma Invitada" a Irene Orce, periodista y divulgadora especializada en temas de psicología, coaching y desarrollo personal. De su blog en  La Vanguardia: "Metamorfosis" os invito a leer este post, que un buen amigo me mandó, hace ya tiempo y que al volverlo a releer, he decidido compartirlo, en el blog:

El trabajo es una actividad ineludible e inevitable para la inmensa mayoría de seres humanos. A causa del coste que supone vivir en el sistema capitalista, millones de personas dedican un mínimo de 8 horas al día a ocupaciones que les permiten recibir una remuneración a final de mes. Sin embargo, muy pocas disfrutan desempeñando su labor, y son escasas las que creen que su trabajo tiene sentido (más allá del puramente económico).
La inercia de nuestro entorno sociocultural nos lleva a entrar en el mundo laboral con unas prioridades orientadas, generalmente, al tener. Tener un buen currículum, tener un buen trabajo, tener más dinero, más reconocimiento y aprobación de los demás. Todo ello con el objetivo de saciar nuestras necesidades básicas y las que nos vamos creando. Sin embargo, en ese proceso muchas veces nos olvidamos de nuestras verdaderas necesidades, las intangibles.
¿Disfrutamos con nuestro trabajo? ¿Incentiva nuestra creatividad y desarrollo como personas y profesionales? ¿Sentimos que aportamos valor añadido con nuestra labor? ¿Lo vivimos desde el entusiasmo o desde la monotonía? ¿Es fuente de satisfacción o de preocupación? Dedicamos tantas horas, meses y años al trabajo que inevitablemente se convierte en una parte muy importante de nuestras vidas. De ahí que para lograr un bienestar verdadero y sostenible –vivir una vida plena desde la autenticidad-, sea fundamental desempeñar una función profesional que esté en coherencia con nuestros valores y necesidades reales.
¿Dónde se esconde la vocación?
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”, Jesús de Nazaret
Hay personas que, desde muy jóvenes, tienen claro a qué se quieren dedicar. Sin embargo, la mayoría no suele tener tan definida su vocación profesional. Bajo esta premisa, muchos se dejan arrastrar por el condicionamiento sociocultural recibido, que les lleva a ocupar puestos de trabajo en función de la –supuesta- seguridad y prestigio que les proporcionan. Y pese a ser conscientes de que realizan una labor mecánica, carente de sentido, optan por seguir “fichando” cada lunes en la oficina.
Hay muchos factores que se interponen entre un ser humano y su vocación profesional. Elmiedo, la inseguridad y la desconfianza son los más destacables. Todo cambio conlleva un cierto grado de incertidumbre, que tiende a potenciar nuestro arraigado sentido de autoconservación. Pero esta actitud nos conduce irremediablemente a la inmovilidad y alestancamiento. Así, mientras nuestro potencial permanece encerrado bajo llave, la rueda sigue girando, el tiempo va pasando y parece que nunca es el momento adecuado para apostar por nosotros mismos.
Sin embargo, nunca es tarde para romper este círculo vicioso. Y es que realizar un cambio de orientación profesional no implica saltar al vacío ni deshacerse de las responsabilidades adquiridas. Se trata de tomar conscientemente las riendas de nuestra vida, dejando a un lado la siempre tentadora “comodidad”. No en vano, descubrir nuestra vocación pasa por averiguar quiénes somos, qué nos entusiasma, nos ilusiona y nos hace vibrar. Para lograrlo, se requiere honestidad, coraje y compromiso con uno mismo. Al fin y al cabo, la vocación es el resultado de sumar afición, habilidad y sensación de sentido, que nace de la pregunta “¿Qué quiero aportar al mundo?”
Amar lo que haces y hacer lo que amas
“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, Confucio
Una vez hallada nuestra vocación, llega el momento de confiar en nosotros mismos. Tras “entrenar” nuestros talentos innatos mediante la formación, el autoconocimiento y desarrollo personal, estamos preparados para la puesta en práctica. El objetivo consiste en dar lo mejor de nosotros mismos a través del ejercicio de una profesión verdaderamente útil, que genere riqueza real para la sociedad. Y eso pasa por tener la gratificante oportunidad de poder contribuir, de un modo u otro, a mejorar la vida de los demás.
Paradójicamente, el contexto de crisis económica en el que vivimos nos brinda la mejor oportunidad para reinventarnos. Este escenario nos invita a redefinir nuestros valores, nuestras necesidades y nuestras creencias, que en muchas ocasiones nos limitan. En este marco podemos convertirnos en la oferta que demanda el mercado, profesionalizando nuestros conocimientos, habilidades y talentos. De este modo podemos alinear nuestro trabajo con lo que somos, encontrando un sano equilibrio entre nuestra vida personal y profesional.
Apostar por nuestra vocación implica ejercer una función que aporte valor añadido a la sociedad en coherencia con lo que somos, lo que repercute directamente sobre nuestro bienestar emocional. Es nuestra oportunidad de realizarnos como profesionales, siendo medios al servicio de los demás. Y nos lleva a redefinir nuestro concepto de éxito, pues no hay mayor triunfo que amar lo que haces y hacer lo que amas.
Tres preguntas en clave de coaching
¿Tu profesión beneficia realmente a otros seres humanos?
¿Qué es lo que retiene en tu actual puesto de trabajo?
¿Qué perderías si lo dejaras y qué ganarías si te atrevieras a irte?

jueves, 22 de marzo de 2012

Directiva Inmobiliaria Habla:


Hoy en Firma Invitada: Lluis Amiguet en La Contra sección de La Vanguaridia conversa con Laura Anguera. Directiva de Landscape:

Aprender del error


Disfruto escuchando a Laura Anguera hablar de las extravagancias del boom inmobiliario, que ella vivió como directiva de Landscape. Nos reímos de la soberbia de los nuevos ricos y de nosotros mismos, cuando nos creíamos millonarios. La sátira convierte los disparates en enseñanzas (todos los cometemos, pero sólo aprenden quienes saben burlarse de sí mismos). Sigo sus amargas reflexiones cuando la despidieron: "¿Para qué tanto máster y esfuerzo si todo es una farsa de listillos?". Hoy Laura Anguera -por suerte, dice ella, y añado yo que por mérito- es directora de servicios jurídicos del FC Barcelona. Y es que, concluye, trabajando los de siempre, también sabremos salir de esta.



A finales de los noventa, la vida de una pequeña caja era abrir cartillas y depósitos regalando vajillas y despertadores. Hacían hipotecas, pero sólo a clientes solventes por el 80% de la justa tasación.

Pero los precios empezaron a subir...

Los pequeños constructores tentaban a las cajas pidiendo crédito para sus primeras promociones. Fueron un éxito y, además de intereses, traían nuevos clientes a las cajas, que les vendía seguros, tarjetas y cuentas.

Y la burbuja empezó a hincharse.

De repente no es que fueras más listo si te comprabas un piso, es que eras tonto si no te comprabas tres. Quien vivía de alquiler se convirtió en un paria y además un inútil.

"Métete en la rueda", decían, y ganarás.

Yo me sentí tonta al comprar mi piso sobre plano y ver que otro compraba dos y, luego, con la venta de uno el listo se pagaba el otro.

"¿Cuántos pisos quiere?", preguntaban.

En el 2002 el promotor ya había aprendido y al inicio sólo vendía el 20% de los pisos -los peores- y después los buenos los iba colocando con incrementos sucesivos.

Chico listo.

Y los presidentes de las cajas también quisieron serlo: como el negocio no estaba en financiar la obra, sino en promoverla y venderla, crearon sus propias promotoras. En el 2006, la fiesta estaba en su apogeo. Los Cayenne hacían cola en los semáforos.

Era el utilitario del momento.

Caros todoterrenos comprados con créditos a 15 años iban a las residencias de la Cerdanya -aunque todo fuera asfalto-, mientras los promotores volaban: "¿Y vuestro avión? ¿Cuántas plazas tiene?". Y crecía el turismo inmobiliario exterior e interior.

¿A Kenia con lo que sobra de hipoteca?

Pagábamos coches y viajes con las hipotecas, que la banca se afanaba en ampliarte, y llegaban suecos, holandeses, alemanes..., a Barcelona y a toda España, para comprarse piso en un weekend. Y venderlos después.

Ladrillo exprés.

Y cuando la burbuja en España ya parecía agotada, un gurú profetizó que seguiría en Europa del Este con su entrada en la UE. Y los amigos juntaron dinero y pagaron promociones en Budapest o Varsovia. Los bloques fantasma españoles -vacíos- aún hacen sonreír a polacos, rumanos, húngaros...

¿Y nadie veía venir el pinchazo?

Un empleado ecuatoriano que conozco pidió en la caja un préstamo de 3.500 euros para la fianza de un alquiler. Se lo denegaron por insolvente. Un mes después, la misma caja le concedía sin pestañear 220.000 euros de hipoteca para comprarse un piso...

Alguien quería cobrar el bonus ya.

Los de las cajas sólo veían el bonus. Si hubieran visto el riesgo, aún conservarían todos el empleo. Los pueblos nos hacían pagarles las fiestas a cambio de acelerar expedientes: recuerdo a la hija de un alcalde darse el capricho de contratar a El Canto del Loco.

Hubo voces que advertían del riesgo.

Así llegamos al 2010: en España hay 25,8 millones de viviendas... ¡Una por cada 1,8 habitantes! ¡Niños y bebés incluidos! Y, sí, inspectores del Banco de España envían una carta a Economía alertando del "riesgo insostenible" de la banca en el inmobiliario.

Espero que no los expedientasen.

Los promotores organizaban concursos de misses con los bancos. Paseaban las promociones y las cajas pujaban por financiarlas. Así se expandían por toda España. Yo también estaba en la rueda. En el 2004 dejé el bufete: me fichó una inmobiliaria.

Yo la hubiera felicitado: era el futuro

.

Eso pensaba también la bolsa: en ocho meses la inmobiliaria Astroc pasó de 6,67 euros por acción a 72... Y todos nos sentíamos más ricos pensando que vivíamos en pisos que de pronto valían millones de euros.

¡Ojalá hubiéramos vendido entonces!

¿Para ir adónde? ¿A comprar un piso peor que ya valdría más del que habías vendido?

Y creíamos que aún podía subir más.

El 23 de abril del 2007 llegó el astrocazo (hoy cotiza a 0,073 euros) y en otoño la crisis subprime pinchaba del todo la burbuja. La banca, alarmada, colocó sus inmobiliarias a los propios promotores, que se endeudaron todavía más con ella para pagarlas: y así el sector financiero se ahogó aún más en un ladrillo con el precio ya en caída libre.

Todavía no vemos el suelo...

Y la banca se ha adjudicado activos inmobiliarios por valor de 70.000 millones de euros: una larga agonía de entidades, muchas zombis, asfixiadas por suelo y pisos invendibles y cada vez más devaluados.

Es el fin de dos siglos de cajas de ahorros de todos... ¡Ay!, y de su obra social.

Aquel inmigrante con hipoteca de 220.000 euros ha perdido su trabajo en la construcción y la caja ha ejecutado el préstamo, pero el piso no vale ni la mitad. Entre el 2008 y el 2011 la facturación de espectáculos por fiestas en los pueblos cayó un 80%.

Las burbujas estallaban... ¿Y usted?

Como la mayoría de miles de empleados de promotoras y constructoras, fui despedida. Me habían dicho que si estudiaba, trabajaba duro y cumplía mis compromisos..., el sistema cumpliría con los suyos. Pero sólo vi una burbuja de avaricia e improvisación de espabilados y aprovechados que estalló.

Todos hemos aprendido algo... Espero.

Me encerraba en casa por las tardes con mi gin-tonic, mi musiquita y el ordenador... No sabía lo que iba a salir, pero ya no pensaba en el paro. Acabé Boom y llegó el Barça y me rescató. Tengo suerte.